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Lección 4 para el 27 de enero de 2018

“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta:


Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y
guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27).
¿Cómo podemos evitar mancharnos con las costumbres
perniciosas de este mundo? Repasaremos cinco puntos que nos
permitirán escapar de las costumbres del mundo.

El estudio de la
Pensar en Cristo La oración
Biblia

La búsqueda de La obra del


la sabiduría Espíritu Santo
“Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza
estará de continuo en mi boca” (Salmos 34:1)

Para evitar que las costumbres ¿En qué debemos pensar?


del mundo (mundanalidad)

Lo de buen nombre
desvíen nuestros pensamientos

Lo verdadero
de la verdad, la Biblia nos invita

Lo honesto

Lo amable
Lo justo

Lo puro
a llevar “cautivo todo
pensamiento a la obediencia a
Cristo” (2Co. 10:5).
Filipenses 4:8 nos ayuda a
discernir con qué cosas debemos
llenar nuestros pensamientos. Solo si hay alguna virtud, o es digno de
alabanza

Nuestra atención debe fijarse en Cristo. Una


entrega diaria a Él alineará nuestra mente
con la suya. Pensar en su amor nos llevará a
valorar correctamente las cosas espirituales
por sobre las materiales.
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis
la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39)

Como vimos, pensar en Cristo y tener comunión con Él


es la base para alejarnos del peligro de la mundanalidad.
Pero ¿cómo podemos llegar a conocer a Cristo?
Cristo se nos revela en su Palabra. Gracias a la Biblia
podemos:

Conocer la verdad (Juan 8:32).


Descubrir a Jesús (Juan 5:39).
Saber lo que Él hizo por nosotros
(1ª de Corintios 15:3-4).
Confiarle nuestra vida (Juan 17:12).
Seguir y obedecer a Jesús (Salmo 119:11).
Librarnos del pecado y el mundo (Juan 8:36)
La mundanalidad implica obtener cosas para
nosotros, que es lo opuesto a todo lo que
Jesús nos enseña en su Palabra.
“Pero vosotros, queridos
hermanos, manteneos firmes
en vuestra santísima fe. Orad
guiados por el Espíritu Santo”
(Judas 1:20 DHHe)
La oración es un elemento imprescindible
para mantener nuestra comunión con
Cristo. No puede haber comunión ni
amistad sin diálogo. Debemos hablar con
Dios y dejar que Él nos hable.
“Orar es el acto de abrir nuestro corazón
a Dios como a un amigo” (E.G.W. “El
camino a Cristo”, p. 93). ¿Qué
ingredientes básicos deben tener
nuestras oraciones?
Orar con fe (Heb. 11:6).
Orar de forma constante (1Ts. 5:17).
Orar conforme a la voluntad de Dios
(1Jn. 5:14).
“Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito
está: Él prende a los sabios en la astucia de ellos” (1ª de Corintios 3:19)

La sabiduría es la capacidad para aplicar


correctamente el conocimiento y el
entendimiento.
Hay personas sabias en este mundo, de los
cuales Salomón fue el mayor (2Cr. 1:12).
Sin embargo, a pesar de ello, Salomón
estuvo a punto de perder la vida eterna.
¿Cuál es pues la sabiduría que Dios desea
que adquiramos?

 El temor de Dios (Job 28:28).


 La obediencia a la Ley
(Deuteronomio 4:6).

Necesitamos este tipo de sabiduría para


poder discernir correctamente los peligros
de la mundanalidad.
“Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los
oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el
que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de
verdad y el espíritu de error” (1ª de Juan 4:5-6)

Al igual que Caleb, los que buscamos la


sabiduría divina tenemos “otro espíritu”
(Números 14:24).
Si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, nos
capacitará para vivir en este mundo
discerniendo la verdad del error.
Él nos guiará a toda verdad, nos mostrará a
Jesús y nos ayudará a tomar las mejores
decisiones en este mundo.
No seremos guiados por emociones pasajeras.
Viviremos ante el mundo como representantes
de Dios.
El Espíritu Santo nos da poder para vencer el
poderoso señuelo del mundo y sus “encantos”.
“Las cosas temporales no deben ocupar
toda nuestra atención, ni absorber nuestra
mente hasta que nuestros pensamientos
estén completamente ocupados de la tierra
y lo terreno. Debemos ejercitar, disciplinar
y educar la mente de modo que pensemos
en un estilo celestial, para que nos
ocupemos de las cosas invisibles y eternas,
que serán discernidas por la visión
espiritual. Contemplando a Aquel que es
invisible, podemos fortalecer la mente y
vigorizar el espíritu”
E.G.W. (Comentario Bíblico Adventista, sobre 2ª de Corintios 4:18)