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Mariano Ciafardini

Capítulo I
 Es posible reconocer tres paradigmas en la
criminología que interactúan y se suceden en el
tiempo, alcanzando notable trascendencia de
acuerdo al redescubrimiento contemporáneo de
cada uno de ellos:
1. El paradigma médico-jurídico que abarca a
las escuelas clásicas;
2. El paradigma sociológico del siglo XX;
3. El paradigma crítico o de la reacción social.
En el tiempo abarca desde mediados
del s. XVIII y hasta principios del s. XX:
 La Escuela Liberal
 La Escuela Positiva
 La ideología de la defensa
social
 ¿Teoría Psicoanalítica?
 Teoría estructural-funcionalista
 Teoría de las sub-culturas criminales
 Teoría de las técnicas de
neutralización
 El paradigma de la reacción
social
 Escuela alemana del Labelling
approach.
 Alexaminar los discursos criminológicos acerca
de qué hacer con el problema del delito, se va
a encontrar que, siguiendo sus consecuencias
(o las de sus variantes) a ultranza, todos ellos
desembocan, aunque no lo quieran reconocer
expresamente, en alguna de la siguientes dos
grandes visiones ideológicamente antagónicas:
a. Las soluciónes “malthusianas”
b. Las soluciones “democráticas o de
reinclusión”
a. Las soluciones “malthusianas”
 Aquellas que se rinden ante la fórmula económica
que afirma que hay momentos en que somos
demasiados los seres humanos que habitamos el
plante en relación a los “recursos disponibles”, en
la manera en que la S ha organizado la distribución
y aplicación de esos recursos, y que, por lo tanto,
un quantum de esos seres sobrantes deben ser
eliminados o, al menos, excluidos-recluidos.
 Muchos de los argumentos de las te, desde el
contractualismo h/ el funcionalismo, han tenido
como efecto real el encubrimiento de prácticas
que aportaban a este enfoque. Ello no se hace
explícito en las formulaciones te, pero se llega al
resultado a través de la ecuación teórica siguiente.
a. Las soluciones “malthusianas”

 Desde la te. mertoneana de la “tensión”, se devela que el


estrés (correlación negativa) entre los objetivos
(necesidades) culturales y las posibilidades reales de
alcanzarlos, determinadas por la posición en la ETT social,
genera anomia. Ha quedado en claro, más allá de lo
esquemático y simplista de la explicación funcionalista,
que las desigualdades sociales irritantes sobre todo la
producidas violentamente en tiempos muy cortos,
producen permanentemente conductas ilegales de
parte de los que han quedado violentamente en
desventaja. Esto puede producirse por el descenso
rápido de algunos o por ascenso rápido de otros o por
las dos cosas a la vez. Y este proceso se da lo largo de
todos los estratos sociales pero principalmente en la
base más baja y en el vértice más alto de la pirámide
social por razones de subsistencia y de alta
competitividad respectivamente.
a. Las soluciones “malthusianas”
 La delincuencia que se produce en el vértice más alto
siempre queda oculta o disimulada o quedan ocultos sus
autores. Cada tanto un chivo expiatorio de la “nobleza
delictiva” es echado a la hoguera de la justicia para
aliviar la indignación colectiva. Pero la otra
delincuencia, la de los pobres, queda absolutamente a la
vista.
 El Gob y “la gente”, particularmente las clases medias,
siempre se van a encontrar con una gran y creciente
cantidad de delito, producto obvio de la desigualdad
intrínseca del sistema, que no va a encajar en ninguna de sus
explicaciones aceptables, porque las explicaciones
aceptables, tanto las provenientes del funcionalismo como
todas las otras (que no sean marxistas), no cuestionan al
sistema socio-económico mismo como “criminógeno”,
cuestionamiento en el que sí hallarían la respuesta a sus
preocupaciones de inseguridad si lo comprendieran y
aceptaran.
 Todo lo que no encaja en las explicaciones lógicas oficiales y
socialmente dominantes se presenta como extraño,
inexplicable y peligroso, y, la reacción inevitable, es la
exclusión o, preferiblemente, la supresión del agente
perturbador.
 Este es el callejón sin salida, malthusiano, al que nos
conduce en última instancia cualquier argumentación te que
no ponga en el centro del análisis la relación e/ violencia y
desigualdad socioeconómica estructural y no se plantee el
problema ettal de la desig social como productora de
violencia y conflicto permanente.
 Detrás de la desvinculación te de delito y pobreza se
agazapa la intención encubridora de la realidad de cierta
derecha criminológica que intenta atribuir los problemas
reales de violencia y conflicto social exclusivamente a la
maldad innata de los H o defectos de socialización
explicados únicamente en términos abstractos o incluso
como un efecto de la haraganería y la defección moral,
fomentada por la ayuda social a los pobres.
 Lavinculación entre pobreza (en sentido lato) y
delito no es una relación causal simple como
tampoco hay simple relación entre delito y
desocupación, en términos de que los
desocupados se transformen en su mayoría en
delincuentes, pero esto no desmiente para
nada, sino que confirma, la circunstancia de
que efectivamente existe una relación profunda
y compleja e/ deterioro socioecon. de amplios
sectores sociales y enriquecimiento desmedido
de otros, con el aumento de los índices de
violencia social.
 En última instancia la inequidad y la marginalidad
no son fenómenos autónomos de la pobreza sino
que son constitutivos y originarios de la misma, por
lo que la afirmación técnicamente precisa de que
no es la pobreza sino la inequidad y/o la
marginalidad las generadoras de violencia muchas
veces puede encubrir la artera intención de diluir la
evidencia de que es la esquizofrénica ett del
sistema social fracturado entre ricos y pobres la
verdadera causa material de todas las expresiones
de la violencia incluida, principalmente hoy, la
criminalidad.
 Y que la verticalización de la S es en sí misma la
ppal circunstancia criminógena tanto en relación al
delito cometido desde los márgenes inferiores como
el cometido desde el poder político y económico
junto con todas sus ramificaciones y los contactos
que existen entre el uno y el otro.
Alta acumulación Corrupción. Delito
de riqueza y poder de cuello blanco

Franja de ingresos
medios Criminalidad

Debajo de la línea Delincuencia común


de pobreza

Sociedad horizontal Sociedad vertical


(ideal) (actual)
 La mayoría de los pobres no cometen delitos pero
la pobreza genera delincuencia y la mayoría de los
que acumulan riqueza y P cometen o han
cometido delitos para llegar y mantenerse en el
lugar en que están aunque sus acciones criminales
sean mucho menos evidentes.
 Las acciones más violentas y graves se producen
casi en su totalidad en los extremos de la sociedad
verticalizada y en ambos casos los escenarios de
violencia están determinados por características
intrínsecas del sistema como son el deterioro y/o
la desesperación personal de la muy baja escala
en el orden social o la hipercompetitividad por el
poder económico o político en la muy alta escala
del orden social.
 Tanto la causalidad que es el escenario socio-político en
que crece se desarrolla y se encuentra a sí mismo el
potencial autor de un hecho violento o delictivo como la
oportunidad incidental que se le presenta en un momento
preciso de su vida, son factores que juntos llevan al
resultado hecho violento o delictivo, pero en esta
bipolaridad entre causalidad y oportunidad no pueden
caber dudas de que la variable determinante es la forma en
que ese ser se encuentra “arrojado al mundo” por decirlo
en términos existencialistas, ya que ese modo de estar en
el mundo va a hacer que oportunidades que para otros
pasan desapercibidas para el se constituyan en elementos
disparadores del acto.
 La pobreza da lugar a sit extremas de exclusión y
marginalidad, la marginalidad da lugar a la formación de
individuos y grupos de individuos más dispuestos que otros a
cometer hechos violentos sobre todo contra la propiedad y
a estas personas. las oportunidades se les hacen más
evidentes y les sirven como disparador de acciones para las
que ya se encontraban previamente dispuestos.
 El carácter de clase de la casi totalidad del delito urbano –
especialmente el delito contra la propiedad y su génesis en las grandes
diferencias socioeconómicas- salta a la vista cuando vemos que
personas de sectores de muy bajos recursos o marginales “invaden” las
zonas elegantes del centro de las ciudades para mendigar o recolectar
residuos o desechos. La situación de tensión que se genera entre el
recelo, el desagrado y el temor de los residentes y el resentimiento
contenido de los “invasores” expresa un equilibrio artificial sostenido
sólo sobre la presencia difusa del control social duro. Están separados
por la “delgada línea azul”, como gustan llamar los ingleses a la
policía. Tanto la forzada tolerancia de los residentes y transeúntes
“adecuados” como el forzado respeto de los “invasores” son eso:
actitudes forzadas, que no fluyen naturalmente de una dinámica de
convivencia, sino que reposan en el saber de la existencia de una
fuerza con poder de fuego y dispuesta a enfrentarse hasta las últimas
consecuencias con el primer “invasor “ que “se pase de la raya”.
 La insistencia mendicante casi agresiva del joven que intenta limpiar
los vidrios de un vehículo detenido en un semáforo y que ante la
negativa del conductor comienza muchas veces a mojar el parabrisas
de todos modos hasta retirarse de mala gana frente al enojo
gesticulante del “propietario”, derivaría en otro tipo de actitud de
parte de ambos si la escena se produjera en un descampado.
 Las mismas condiciones sociales que llevan a la mendicidad y
a la realización de tareas sufridas y socialmente devaluadas
(recolecciones de desechos o residuos, limpieza de parabrisas
en semáforos), son las que llevan a la comisión de delitos
contra la propiedad y a las agresiones relacionadas con ellos.
 Frente a esta realidad se puede tener una actitud
reaccionaria: fortalecer la exclusión, la prohibición de ingreso
de determinadas personas a determinados sectores urbanos,
acordonar, separar, “ghettizar”; o progresista: llevar recursos
suficientes a los involucrados en estas actividades ayudarlos a
organizarse laboral y socialmente y posibilitar
económicamente su acceso a buenos sistemas de educación,
salud, culturales, deportivos y recreativos, generando además
con ello la posibilidad de su organización política.
 Lo que no se puede es desconocer la relación de causalidad
entre determinadas injustas situaciones sociales y
determinadas reacciones violentas contra la propiedad, a
menos que lo que se quiera es ocultar esa relación causal para
no cuestionar la estructura socioeconómica dominante ni
hacerla responsable.
 Todo esto no significa además que las capas
medias no cometan sistemáticamente hechos
que implican violación de disposiciones penales
incluso graves a saber, compra de
estupefacientes, cohechos, defraudaciones
encubiertas en forma de transacciones
comerciales, abortos , además de cuantiosos
pequeños contrabandos, evasiones impositivas,
y hurtos en los lugares de trabajo, cheques sin
fondo, falsificación de documentos y recetas
médicas etc. pero todo ello pertenece a una
realidad tolerada cínicamente por el sistema y
la misma sociedad.
b. Las soluciones democráticas
 Pretenden resolver el problema de la violencia sin
eliminaciones ni exclusiones, lo que las lleva al dilema del
planteo de una distinta organización en la distribución de los
recursos y a la cuestión acerca de qué tan profunda debe ser
esa reorganización.
 Transformar definitivamente la cuestión sociológico-criminal en
una cuestión política y económica. Con esta visión solo se
corresponde la “criminología crítica” (años 60 del siglo
pasado), efectuaron la crítica real y profunda del pensamiento
criminológico moderno, ciertas posturas dentro del
abolicionismo penal y, actualmente, el nuevo realismo
criminológico de izquierda, ya que son las únicas que están
dispuestas a aceptar la realización de los cambios sociales que
sean necesarios para desactivar la “tensión”, aún la
reformulación total del sistema socio-político-económico (cosa
que, como ya se dijo, no estaba incluida en los cálculos
mertonianos quien como buen tributario del funcionalismo era
partidario del retoque reformista pero no de los cambios en las
relaciones de propiedad).
 Un ejemplo de maltusianismo descarado es la teoría de la
“tolerancia cero” y sus diferentes versiones. Este producto del
“think tank” del “Manhatan Institute” de Nueva York, nos dice
que la fórmula para ir combatiendo la delincuencia es la de no
perdonar ningún tipo de falta, delito o “incivilidad”. Esto se
complementa con la otra versión teórica de lo mismo que es la
teoría de las ventanas rotas o mejor dicho las ventanas sanas ya
de lo que se trata es de reparar en forma urgente cualquier
daño por mínimo que sea para evitar la degradación edilicia y
urbana de la zona a mantener segura.
 No perdonar nada y repararlo todo inmediatamente (incluido el
borrado de los “subversivos” graffitis), por supuesto en las
restringidas áreas de la ciudad que para ellos lo merezcan, ya
que a nadie con un mínimo de sentido común se le puede ocurrir
que es esta una receta aplicable “in totum”, simultáneamente,
en toda la extensión geográfica, de todas las ciudades, de todo
el país en cuestión, ni que Bratton, Wilson o Kelling hayan
estado pensando en la favela “Rocinha” de Rio de Janeiro, en la
villa “Fuerte Apache” del conurbano bonaerense, en los
“pueblos jóvenes” de Lima o en las comunidades suburbanas del
distrito federal mejicano, cuando imaginaban semejante
pulcritud de los vidrios y del comportamiento humano.
 Esta “solución” que puede haber servido para potenciar la imagen
turística de la “gran manzana” y para calmar la sensación de
inseguridad de los amplísimos sectores medios de los países
hiperdesarrollados, donde, por otro lado y como se verá más
adelante, los niveles de violencia urbana no han crecido
demasiado o han incluso descendido, en la última década,
aparece en toda su ferocidad si nos imaginamos su aplicación en
la conflictiva y compleja realidad de los países periféricos donde
la precariedad material y la escasez de recursos hacen que
“tolerancia cero” no pueda más que equivaler, directamente, a
exterminio físico.
 Los efectos del maltusianismo están a la vista en los propios EEUU
que han llegado al record histórico mundial de % de población
encarcelada, pero en los países periféricos el efecto eliminatorio
no lo produce solo la cárcel, que de por si constituye allí un
centro de confinamiento para la enfermedad y la muerte, sino
también la eliminación física por hambre, enfermedad,
enfrentamientos entre pobres y matanzas de la policía, y la
exclusión geográfica (“ghettización”) de porcentajes muchísimo
mayores de población.
 Frente a las opciones criminológicas maltusianas de
la nueva derecha, desde comienzo de los años 80
uno de los pioneros de la criminología crítica, Jock
Young, volvió a ser uno de los protagonistas
principales de lo que podría calificarse de “nueva
revolución teórica” en la criminología o la crítica de
la crítica. El nuevo realismo criminológico de
izquierda inglés, muchos de cuyos argumentos
habían sido adelantados en la compilación dirigida
por el propio Young junto a Taylor y Walton
“Criminología Crítica” constituye el comienzo de
una profunda reflexión criminológica que, sin
abandonar su raíz marxista, se desarrolla con los
aportes de las teorías posmodernas o tardomodernas
de la complejidad y del riesgo.
 En su último libro “La sociedad excluyente” Young
muestra claramente la relación entre la violencia , el
delito y el desorden con la privación de la ciudadanía
y la exclusión social. Las propuestas que se deducen
de este diagnósticos y que ya habían sido analizadas
por el autor en publicaciones anteriores apuntan a
entender la complejidad del problema y a tener en
cuenta que las modificaciones, en relación al
problema criminal, vienen de la mano de los cambios
en el E, pero también en la S y, principalmente, en la
modificación de la relación entre el E y la S que
garantice la oportunidad de la ciudadanía para todos,
destierre definitivamente la posibilidad de la
exclusión y reproduzca un nuevo sistema de estímulos
y sanciones en exclusivo orden de mérito funcional
estableciendo una base de real democracia y justicia.
 “.....gran parte de la derecha están convencidos de que la
tasa de criminalidad está aumentando precipitadamente,
de que la lucha contra la delincuencia es de fundamental
importancia para la opinión pública y de que se debe
actuar drásticamente para evitar que la situación empeore
hasta llegar al barbarismo. La izquierda por el contrario
busca minimizar el problema del crimen en las clases
trabajadoras, la criminología de izquierda ha intentado
durante la última década- con algunas notables
excepciones desenmascarar el problema del
delito...Considera que la lucha contra el crimen es una
distracción de la lucha de clases, que constituye en el
mejor de los casos una ilusión inventada para vender
noticias y en el peor de los casos un intento de crear
chivos expiatorios, al culparlos de la circunstancia
brutalizante en la que se encuentran. Un nuevo enfoque
realista de izquierda en lo que concierne al delito debe
intentar avanzar entre estas dos corrientes. No debe
contribuir a aumentar el pánico moral ni cometer el
grave error político de descuidar la discusión sobre el
delito dejándola en manos de la prensa conservadora”
 Diseño de problemática
criminal a abordar (adelanto
de resumen).
 Exposición y defensa de
abordaje en final.