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INTRODUCCIÓN A LA TEOLOGÍA

LITÚRGICA

I UNIDAD: EL MISTERIO
HACIA UNA COMPRENSIÓN «TEOLÓGICA» DE LA LITURGIA
La historia de la salvación

1. La Noción De Historia De La Salvación

Sin la noción de Historia de la Salvación no podremos captar el auténtico


significado de la Liturgia cristiana.

Historia de la salvación. Hace referencia:


- Unión del tiempo con la eternidad, de la historia humana con la salvación
divina.
- Es la historia de un encuentro, la historia de un diálogo entre la iniciativa de
Dios y la respuesta del hombre.
- La entraña de la historia humana es historia de la salvación. No hay una
doble historia, sino una doble dimensión de una sola historia.
La Constitución Gaudium et spes del (11): « (la Iglesia
cree) que la clave, el centro y el fin de toda la historia
humana se halla en su Señor y Maestro».

Desde esta perspectiva, la divina revelación se entiende


no solo como un sistema organizado de verdades
(revelación como discurso), sino también como una
serie de acontecimientos por medio de los cuales Dios
realiza la salvación del hombre (revelación como
historia).
2. La historia, lugar de la revelación
Las religiones de la India, de China y de Persia se centran en la sabiduría, mucho más que en la
historia.
En ellas, la importancia del tiempo se diluye si se compara con la eternidad; más aún, el tiempo
es un obstáculo que superar para alcanzar la propia liberación.

- La experiencia de Israel consistió en haber sido encontrado y elegido por Yahwéh no en un tiempo mítico,
sino en la «historia». La esencia de la religión de Israel es el Dios vivo que se revela en la historia.

- La tradición cristiana también sostiene que la historia es lugar de la revelación.

- La auto comunicación de Dios a los hombres acontece en el tiempo de los hombres y la revelación asume
la forma de hechos que no son míticos, sino históricos.

- La revelación consiste en este obrar de Dios en la historia, la cual adquiere, por eso mismo, el valor de
manifestación de Dios.
3. Riqueza del término salvación

* En la Escritura el término salvación goza de un contenido semántico sumamente


rico.

* Está presente en toda la biblia, como un hilo transversal.


* El Dios del Antiguo Testamento es un Dios que salva.
* Jesucristo es el Salvador de los hombres.
* La Eucaristía es la «Hostia salvadora que abre las puertas del cielo».
* La salvación es Jesucristo.
* Salvación hace referencia a una culpa que el amor divino olvida.
* La salvación consiste en hacer que el hombre vuelva a ser imagen perfecta de
Dios: hijo de Dios, portador del Espíritu y adorador perfecto de Dios en santidad de
vida.
* El Cristianismo es una religión de salvación.
4. Algunas expresiones litúrgicas de la
historia de la salvación

Misal Romano:
Te alabamos, Padre santo, porque eres grande y porque hiciste todas las cosas con
sabiduría y amor.
A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero,
para que, sirviéndote solo a ti, su Creador, dominara todo lo creado.
Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte,
sino que, compadecido, tendiste la mano a todos para que te encuentre el que te busca.
Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; por los Profetas los fuiste llevando con la
esperanza de salvación.
Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos,
nos enviaste como Salvador a tu único Hijo.
El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen,
y así compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado;
anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo.
Para cumplir tus designios, Él mismo se entregó a la Muerte
y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.
Y porque no vivamos ya para nosotros mismos,
sino para Él, que por nosotros murió y resucitó,
envió, Padre, al Espíritu Santo
como primicia para los creyentes,
a fin de santificar todas las cosas
llevando a plenitud su obra en el mundo.
Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu
santifique estas ofrendas
para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo,
nuestro Señor (…).

Este texto es una amplia acción de gracias a Dios por la historia de la salvación.
- Otra plegaria lo constituye la consagración del agua bautismal en el curso de
la solemne Vigilia pascual en la que se celebra el bautismo de los
catecúmenos:

Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible
y de diversos modos te ha servido de tu criatura, el agua, para significar la
gracia del Bautismo.
Oh Dios cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas,
para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.
Oh Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nuevo
nacimiento, de modo que una misma agua misteriosamente pusiera fin al
pecado y diera origen a la santidad.
Oh Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abraham,
para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen de la
familia de los bautizados.
Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu
Santo; colgado en la cruz, vertió de su costado agua junto con la sangre y, después de su
resurrección, mandó a sus apóstoles:
«id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo», mira el rostro de tu Iglesia y dígnate abrir para ella la fuente del bautismo.
Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado
a tu imagen, lavado, por el sacramento del bautismo, de todas las manchas de su vieja condición,
renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.
Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda hasta el fondo de esta
fuente para que todos los sepultados con Cristo en su muerte, por el bautismo, resuciten a la vida
con Él.
Que vive y reina contigo. Amén.

—Por último, no hay que olvidar las nueve lecturas –siete de la Antigua Alianza y
dos de la Nueva– que el Rito romano proclama en la liturgia de la palabra de la
Vigilia pascual.
5. Etapas de la historia de la salvación

a) La primera etapa se llama el tiempo de las promesas.


Es el tiempo del Padre. Comienza con la creación –aurora salutis: los albores de la
historia de la salvación– y continúa desplegándose a través de las portentosas
intervenciones de Dios con el pueblo de su Elección y, más tarde, por medio de los
Profetas.

Discurre en términos de preparación, anuncio y profecía.

Esas intervenciones prodigiosas no son hechos aislados de un pasado remoto, sino


sucesos que, inmersos en un preciso dinamismo interno, apuntan hacia una plenitud,
que es Cristo.
Durante esta primera etapa, los signos de salvación eran solamente predictivos de una
realidad que estaba aún por venir.
b) La segunda etapa es, en cierto sentido, el tiempo del Hijo.

Él es la gran Novedad, que todo lo hace nuevo.

Todas las palabras pronunciadas anteriormente encuentran en Él sentido y plenitud.

El proceso gradual con el que la pedagogía divina conduce la historia humana tiende
hacia este momento decisivo, cuando Dios toma parte personalmente en el destino
humano, enviando al Hijo, por medio del Espíritu Santo.

Esta segunda etapa corresponde a lo que san Pablo llama la plenitud de los tiempos.
(Momento histórico en el que la salvación pasa a ser realidad cumplida, en cuanto
presencia de la vida divina en lo humano)

Va desde la encarnación del Hijo de Dios hasta su tránsito de este mundo al Padre.
c) La última etapa de la historia de la salvación es, en cierto sentido, el tiempo del Espíritu Santo.

También se la llama el tiempo de la Iglesia.

Esta etapa la inaugura la glorificación de Jesús y el envío del Espíritu y durará hasta la parusía.

Esta etapa se caracteriza por un modo nuevo de comunicarse la salvación, que es mediante una
economía simbólica.

El tiempo de la Iglesia tiene en la sacramentalidad su nota más característica; es connatural a la


fe.

Vivimos, pues, en la última etapa de la historia salutis –el tiempo de la Iglesia– en la que los
enviados de Jesús no solo predican la buena nueva de la salvación a todos los pueblos –
evangelización–, sino que al mismo tiempo realizan esa misma salvación que anuncian y lo hacen
celebrando los sacramentos, es decir, poniendo en acto la sacramentalidad de la Iglesia.
Sacrosanctum Concilium:
Historia de la salvación y liturgia
6. ¿Por qué comenzamos por la historia de la salvación?

Por qué la historia de la salvación es el presupuesto para comprender el significado teológico de la


liturgia.

El título de la primera sección del primer capítulo de Sacrosanctum Concilium (1964) es precisamente
Naturaleza de la sagrada liturgia.

Ahí se declara autorizadamente la relación «intrínseca» entre liturgia e historia de la salvación.

En este sentido, el Vaticano II representa un hito en la historia de la liturgia.

Para describir la naturaleza de la liturgia, el Concilio emprendió el camino de la historia de la salvación.


Parágrafo quinto de esta Constitución:

Dios, que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento
de la verdad», «habiendo hablado antiguamente en muchas ocasiones de
diferentes maneras a nuestros padres por medio de los profetas», cuando
llegó la plenitud de los tiempos envió a su Hijo, el Verbo hecho carne,
ungido por el Espíritu Santo, para evangelizar a los pobres y curar a los
contritos de corazón, como médico corporal y espiritual, mediador entre Dios
y los hombres. En efecto, su humanidad, unida a la persona del Verbo, fue
instrumento de nuestra salvación. Por esto en Cristo se realizó plenamente
nuestra reconciliación y se nos dio la plenitud del culto divino.
Esta obra de redención humana y de la perfecta
glorificación de Dios, preparada por las maravillas que
Dios obró en el pueblo de la antigua Alianza, Cristo la
realizó principalmente por el misterio pascual de su
bienaventurada pasión, resurrección de entre los
muertos y gloriosa ascensión.

Por este misterio, «con su Muerte destruyó nuestra muerte


y con su Resurrección restauró nuestra vida». Pues del
costado de Cristo dormido en la Cruz nació «el
sacramento admirable de la Iglesia entera».
7. Historia de la salvación y liturgia en
Sacrosanctum Concilium
La Constitución comienza a tratar directamente de la revelación como historia de la salvación.

Esto llevado al plano litúrgico, se presenta como clave que explica también la naturaleza de la liturgia.

Al hacer esto, la Sacrosanctum Concilium confiere estatuto teológico a la liturgia, subrayando su


relación intrínseca con la historia de la salvación.

¿Qué es la liturgia? la liturgia es el momento-síntesis de la historia de la salvación.

Es decir la liturgia una doble vertiente:


descendente (catabática) de santificación del hombre por parte de Dios, y
ascendente (anabática) de alabanza a Dios por parte del hombre. Esta bipolaridad dinámica, que es
esencial en los acontecimientos salvíficos, lo es también –por lo mismo– en la liturgia.
La Constitución comienza a tratar directamente de la revelación como historia de la salvación.

Esto llevado al plano litúrgico, se presenta como clave que explica también la naturaleza de la liturgia.

Al hacer esto, la Sacrosanctum Concilium confiere estatuto teológico a la liturgia, subrayando su


relación intrínseca con la historia de la salvación.

¿Qué es la liturgia? la liturgia es el momento-síntesis de la historia de la salvación.

La liturgia presenta la misma configuración que los acontecimientos de la historia de la salvación:


propuesta de salvación de parte de Dios y aceptación por parte del pueblo.

Es decir en liturgia hay una doble vertiente:


descendente (catabática) de santificación del hombre por parte de Dios, y
ascendente (anabática) de alabanza a Dios por parte del hombre.
La liturgia es actualización –aquí y ahora– de la historia de la salvación.
Actualización quiere decir que la salvación, conferida definitivamente
por Dios a los hombres en Cristo, discurre y acontece ahora
efectivamente por mediación de la liturgia. La liturgia es historia de la
salvación en acto. La liturgia es el hoy de la salvación.

Sorprende la naturalidad con que los Padres de la Iglesia tenían asumida


esta realidad. El papa León Magno (†461) nos ofrece un texto
esclarecedor:

«Todo lo que el Hijo de Dios hizo y enseñó con miras a la reconciliación


del mundo no solo lo conocemos por el relato de sus hechos pretéritos,
sino que también lo experimentamos por la eficacia de sus obras
presentes».
8. Sacramentalidad de la historia de la salvación

Sacramentalidad de la historia de la salvación quiere decir que Dios se revela a través de lo que
vemos para mostrarnos lo que no vemos, que Dios ha venido y viene a nosotros en la historia a
través de mediaciones sensibles.

La mayor de todas ellas es precisamente su mismo Hijo encarnado, Jesucristo.


Jesucristo, la Iglesia, los sacramentos… son como puentes sobre la lejanía que se interponen entre
Dios y nosotros.

Tales puentes posibilitan el encuentro recíproco entre Dios y los hombres por medio de palabras y
gestos que significan, expresan y realizan la salvación de Dios.

Toda la historia de la salvación está grávida (llena) de esta sacramentalidad.

Orígenes: «todo cuanto acontece en la historia de la salvación lo hace en forma de sacramentos».


La sacramentalidad no es un aspecto singular de algunos acontecimientos
particulares de esa historia, sino la dimensión específica de toda la
economía salvífica, y por eso la designamos –con el Catecismo de la Iglesia
Católica– la economía sacramental.

La exterioridad de los acontecimientos salvíficos es la forma experimentable


del amor del Creador.
El Verbo encarnado es el Sacramento primordial de Dios (Ur-
Sakrament). Sus palabras y sus gestos son la manifestación sacramental de
la revelación salvífica de Dios.
La Iglesia es sacramento de Cristo: ella significa a Cristo y comunica
eficazmente su Vida.
El septenario sacramental son los sacramentos del sacramento-Iglesia.
9. Los sacramentos y la historia de la salvación

Mirar los sacramentos desde la historia de la salvación es lo que nos lleva a


ver su grandeza.
Los sacramentos no son nuevos acontecimientos, sino realidades situadas en
línea con aquellas intervenciones portentosas de Dios que prefiguraban, en el
tiempo de las promesas, la salvación que se vería cumplidamente realizada
por Cristo en la plenitud de los tiempos.

Los sacramentos, como los mirabilia Dei del Antiguo Testamento, son
acciones divinas, semejantes a la creación del mundo, al establecimiento de
la alianza, a la salvación del Mar Rojo… cuya grandeza, bajo la humildad de
sus apariencias, solo puede ser comprendida con la mirada de la fe.
Los sacramentos son obras infinitamente más grandes que las mayores
obras humanas. Son las obras que realiza Cristo glorioso de cuya irradiación
procede toda santidad en la Iglesia.

Aunque los modos de actuar del Señor sean siempre los mismos –crea, salva,
recapitula, hace alianza, se hace presente…–, la modalidad con la que actúa
es diferente en cada una de las tres etapas de la historia de la salvación. Y
concretamente hoy –en el tiempo de la Iglesia– los sacramentos son
realidades litúrgicas, son historia de la salvación en acto.

La existencia personal del hombre se inserta en la historia de la salvación –


en la economía del misterio– por medio del organismo litúrgico-sacramental
de la Iglesia.